La mañana del 12 de mayo de 1976, el petrolero de bandera española comenzaba la maniobra de entrada en el puerto de A Coruña con 100.000 toneladas de crudo. Desafortunadamente, el barco chocó con una de las agujas del fondo marino abriendo varias brechas en el casco. El práctico del puerto decidió que lo mejor era salir a mar abierto, pero durante la maniobra se produjo una nueva colisión que desencadenó el incendio de la carga y obligó al práctico y al capitán a abandonar el barco para intentar llegar a tierra a nado. Sólo el primero lo logró tres horas después.
Aquel suceso provocó una gran catástrofe y abrió varias incógnitas que aún no han sido esclarecidas, como la razón por la que el Urquiola regresó a mar abierto por el mismo lugar donde había sufrido la primera colisión o los motivos por los que no se decidió descargar el tanque dañado.
En el año 1987 fueron las costas de Finisterre las que sirvieron de escenario a una nueva catástrofe marítima, en este caso con tintes mucho más dramáticos ya que perdieron la vida 23 de los 31 tripulantes del Cason y, además, la naturaleza de la carga generó una importante alarma social. El carguero de bandera panameña surcaba las aguas gallegas cuando un temporal provocó un corrimiento de la carga y un incendio. A pesar de los intentos de rescate no se pudo evitar que el barco encallase en la costa de Finisterre ni que muriesen 23 tripulantes. Además, las primeras informaciones revelaron que el Cason transportaba 2.000 bidones con productos altamente tóxicos lo que originó una gran preocupación entre los vecinos de la zona afectada.
El 3 de Diciembre de 1992, A Coruña despertaba con la noticia del accidente en sus costas de un petrolero. La imagen del Urquiola en llamas rápidamente volvió a la cabeza de los coruñeses que veían como de nuevo la tragedia rondaba sus aguas.
El Mar Egeo había encallado a las cuatro de la mañana en las inmediaciones de la Torre de Hércules con una carga de 80.000 toneladas de crudo. Minutos antes, el buque de bandera griega había iniciado una arriesgada maniobra en la que concurrirían varios desafortunados factores.
A las cuatro menos cuarto el capitán del Mar Egeo recibía la autorización para iniciar la maniobra de entrada en los pantalanes de Repsol, tras pasar tres días fondeado en la ría de Ares. Sin embargo, las malas condiciones meteorológicas -con olas de seis metros y vientos que en el momento de la colisión alcanzaron los 70 kilómetros por hora-, el desconocimiento de la zona por parte del capitán y el hecho de no contar con el asesoramiento de los prácticos del puerto provocaron que el buque no llegase más allá de las rocas que se encuentran a los pies de la Torre de Hércules.
Eran las 4.30 de la mañana y rápidamente se movilizó al personal de los servicios de salvamento marítimo con el objetivo de rescatar a la tripulación, alejar el barco de la costa coruñesa y sofocar el incendio que se había declarado a bordo. Tras varias horas de trabajo, a las 9.30 el buque se partía en dos y poco después se producía la primera explosión provocando que el fuego y el crudo se propagasen por el mar. Una columna de denso humo negro comenzaba a levantarse por encima de la ciudad al tiempo que los peores presagios de los coruñeses se hacían realidad.
La intensidad del incendio y del humo provocaron que algunas viviendas de la zona próxima a la torre de Hércules tuviesen que ser evacuadas mientras el resto de la ciudad quedaba en la penumbra por la nube de humo tóxico. Tuvieron que pasar dos días antes de que se pudiesen apagar los últimos focos de un incendio que incluso se dejó notar en zonas tan lejanas como la Terra Chá lucense.
Información extraída de La Voz de Galicia






















